Mi cuerpo también merece respeto: aprender a reconocer y comunicar nuestros límites
A veces pensamos en los límites como algo que necesitamos poner únicamente cuando alguien hace algo que claramente nos incomoda.
Pero nuestros límites están presentes en muchas situaciones cotidianas: cuando no queremos un abrazo, cuando necesitamos espacio, cuando una conversación nos hace sentir incómodos o cuando no deseamos determinado contacto físico.
Y no siempre es sencillo expresarlo.
Podemos preocuparnos por hacer sentir mal a la otra persona, pensar que estamos exagerando o sentir que, por confianza, cariño o cercanía, “deberíamos aceptar”.
💜 Pero tener un vínculo con alguien no significa renunciar a nuestros límites.
Aprender a reconocerlos comienza por escucharnos:
¿Esto me hace sentir cómodo/a?
¿Realmente quiero hacerlo?
¿Estoy aceptando porque quiero o porque siento presión?
¿Necesito detenerme o tomar distancia?
Nuestros límites pueden expresarse de distintas maneras:
“Prefiero que no hagas eso.”
“No me siento cómodo/a.”
“Necesito un poco de espacio.”
“No quiero.”
“Cambié de opinión.”
Y algo importante: podemos cambiar de opinión, incluso si inicialmente habíamos aceptado algo.
Así como aprendemos a comunicar nuestros propios límites, también necesitamos aprender a reconocer y respetar los de otras personas. No insistir, presionar o hacer sentir culpable a alguien por decir “no” también forma parte de construir vínculos saludables.
💜 Para recordar
Poner un límite no significa rechazar a una persona. Significa comunicar cómo queremos ser tratados.
Nuestro cuerpo nos pertenece. Podemos decidir sobre el contacto, expresar aquello que nos incomoda y cambiar de opinión.
Respetar nuestro cuerpo también es aprender a escuchar lo que sentimos y reconocer que nuestros límites merecen ser tomados en cuenta.
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